He ido a ver a una amiga que vive a 350 Km de mi casa.
Estoy acostumbrada a conducir, lo hago cada día, sola, vivo a 90 km del lugar donde trabajo y mi querido coche y yo estamos a punto de cumplir los 90.000 juntos, eso hace que me sienta segura al volante, no mejor ni peor conductora, pero si segura de mi misma, aunque con plena consciencia de los riesgos que la carretera tiene.
Dicho esto os cuento que la noche antes de salir de viaje asistí a una cena familiar en la que no una ni dos ni tres personas me
Pero daba igual, ellos/as erre que erre con que me fuera en bus o en tren ( el viaje se convertiría en 7 horas de viaje y dos trasbordos), o simplemente no fuera, así de sencillo.
Mi indignación iba subiendo a medida que avanzaba la velada, y para los postres ya no podía más, estaba hasta el gorro de que padres, tíos, primos y demás familia se sintieran con derecho a decirme lo que debía hacer, así que con la excusa de hacer la maleta me largué de allí, dejando tras de mi la estela de "esta niña caprichosa y sus excentricidades" (¡Por favor!, una mujer sola conduciendo...¡que alguien llame a la policía!).
Y lo peor es que me consta que todos confiaban en mi buen hacer al volante, ninguno ponía en duda mis cualidades, pero les daba pánico que quisiera viajar sola.
De camino a casa mientras se me pasaba la indignación no pude menos de hacerme la pregunta, ¿Si alguno de mis primOs hubiera estado en mi situación hubiese sido tema de conversación durante la cena?, decididamente la respuesta es NO, si fuera un hombre el que pensará salir de viaje el día siguiente hubiera tenido que escuchar las típicas recomendaciones de precaución al volante, pero nada más, todos hubieran entendido que un chico de 31 años se fuera solo de fin de semana a ver a un amigo.
Y lo que es muchísimo peor, si en lugar de sola hubiera tenido que hacer los mismos kilómetros acompañada de un novio o algo parecido a todo el mundo también le hubiera parecido estupendo.
Con la resignación de saber que pertenezco a una familia de costumbres machistas incorregibles y que tengo tras de mi el peso de ser la pequeña me fui de puente.
Ayer al volver me ocurrió algo, nada más salir de allí hice una llamada ( con el manos libres) que me descolocó y me inundó de unas ganas enormes de llorar, sentí deseos de parar el coche y llorar durante un rato, pero entonces me di cuenta de que no serviría de nada, de que tarde o temprano tendría que seguir mi camino con pena o sin ella.
Y me di cuenta de que esa autovía era como la vida, estas en el camino y a veces sientes deseos de parar para descansar, llorar o desconectar un rato y olvidarte de que todo existe, pero sabes que no te puedes quedar en un área de servicio para siempre, que tarde o temprano tendrás que reanudar el viaje y que aunque descansar es necesario, alargar los descansos o quedarnos demasiado tiempo parados solamente ralentiza el viaje, y hace que se nos haga más pesado continuar avanzando hacia nuestro destino.
¿Cual es el destino?, el que tú elijas, el que tú vayas marcando, porque en la vida el único navegador que marca el camino somos nosotros mismos, en una combinación entre la razón y el corazón, y cuando nos equivocamos tenemos que hacer un cambio de sentido y recalcular la ruta
Ayer volviendo del puente descubrí que estaba viajando SOLA, por carretera y por la vida, y que la misma fortaleza que tengo para recorrer km por carretera la debo aplicar a los que recorro en mi propia vida.
De momento miro atrás y mi coche, mi vida y yo llevamos ya mucho camino recorrido juntos, y me siento muy orgullosa de él.
